domingo 16.12.2018
Economía
Por Christian Buteler.-
viernes 10 de Agosto de 2018

Los orígenes de nuestra debilidad financiera son bien locales

Podrá haber sido la conferencia de prensa del 28 de diciembre, la emisión excesiva de Lebac, la última colocación de bonos en el mercado externo o incluso la entrada en vigencia del impuesto a la renta financiera para no residentes. Sea cual sea, la noticia que inició esta crisis la verdad es que no podemos superarla.

La primera consecuencia fue la corrida cambiaria. Los inversores comenzaron a salir de sus posiciones en pesos (Lebac, bonos, acciones) para pasarse a dólares o instrumento dolarizados. Casi en el mismo momento vino una masiva fuga de dólares con su correspondiente caída en las reservas (abril: u$s 5.103 millones; mayo: u$s 6.525 millones; junio u$s 3.217 millones descontando el crédito del FMI; julio u$s 3.877 millones).

Esta situación provocó distintas medidas por parte del BCRA, desde venta de reservas hasta suba de tasas pasando por distintos cambios en los bancos como la suba de encajes, limitaciones en la posición general de moneda extranjera, etc.

Adicionalmente, y viendo que la crisis no se detenía, el Gobierno recurrió rápidamente al FMI, con quien negoció un acuerdo por u$s 50.000 millones con la esperanza de poder estabilizar la situación.

Pero estas medidas también afectaron a la economía real, caída de actividad, problema en la cadena de pagos, incremento en los cheques rechazados y mayor inflación son algunas de las quejas que hoy se escuchan en la calle. Como si fuera poco la recaudación de julio tuvo un crecimiento menor a la inflación lo que hace pensar que la baja del déficit puede ser aún más difícil de lo estimado originalmente.

Tuvimos momentos de tranquilidad, momentos en los cuales se pensaba que la estabilidad podía ser alcanzada y que estábamos cerca de dejar atrás las "turbulencias". Desgraciadamente esta semana hemos vuelto a sentir que eso no es así y que parece que aún estamos lejos de lograrlo.

Tal como en otros momentos fue la tasa del bono a diez años o la salida de emergentes, en esta oportunidad parece ser la lejana Turquía la culpable de nuestra recurrente inestabilidad en la moneda. El contexto internacional no ayuda, pero los orígenes de nuestra debilidad económica y financiera son bien locales.

La realidad es que la crisis que comenzó está lejos de terminar, que ni el Banco Central ni Hacienda logran dar en la tecla de lo que se necesita para recuperar el control de la situación, que las dudas persisten, que las metas con el FMI se vuelven más difíciles de cumplir, que la inflación se acelera, que las reservas no paran de caer y que así no se puede seguir.

Cada día que pasa queda más claro que es necesario algo más de parte del gobierno, la época de los anuncios y las buenas ondas pasaron. Es tiempo de mostrar resultados, de bajar drásticamente el gasto para que el mercado pueda ver que el problema de fondo comienza a ser resuelto. De no ser así la crisis seguirá escalando y uno puede saber cómo empieza pero nunca como ni cuando terminan.

(*) Analista financiero.

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